Educación Superior en el Siglo XXI: Comunicación y Calidad Académica en el Campus Virtual
María Del C. Guarddon-Anelo
Como profesora de la Universidad Nacional de
Educación a Distancia (en adelante, UNED), la
universidad líder en enseñanza no presencial, estoy
convencida de que las universidades con un sólido
componente virtual constituyen el futuro en la educación
superior. Solamente una universidad substancialmente
basada en el aprendizaje online es capaz de satisfacer los
requisitos profesionales y académicos que el nuevo
sistema económico globalizado impone a los alumnos.
Estos se encuentran sometidos a una fuerte presión para
adquirir experiencia profesional durante el período de su
formación académica.
La razón que sostiene esta dinámica es que
cuando los alumnos se gradúan, las empresas esperan que
ya hayan entrado en contacto con el mercado laboral. Por
ende, sus agendas están considerablemente sobrecargadas
si las comparamos con las de los estudiantes de hace unas
décadas, cuando un título universitario ya constituía en sí
mismo la garantía de una prometedora carrera
profesional. Inevitablemente, las universidades tienen
que adaptarse a esta nueva situación. En consecuencia, su
política financiera debe enfocarse en gran medida a
invertir en sofisticadas herramientas virtuales.
No obstante, estas herramientas no deberían
servir simplemente como un medio para articular
programas online. También es su misión asegurar la
implementación de los procesos de colaboración y
comunicación entre estudiantes y profesores, tan fluidos
como los generados en las universidades tradicionales.
Este interés por la interacción no debe considerarse
periférico. Si las universidades a distancia insistieran en
enfatizar la provisión de “un aula en casa”, el estudiante
puede convertirse en una isla en medio de un mar de
contenidos académicos y, por lo tanto, un aspecto
esencial de las universidades tradicionales se perdería. Texto Completo
|